martes, 25 de septiembre de 2012

EL lago es parte de la historia de Palo Negro


Extracto del libro Palo Negro ayer y hoy .
autor: Pedro Ruiz
 publicación :año 2006
Bajo la tutela del lago de Tacarigua se forjó la vida humana aquí en el valle.
Abundan los enigmas sobre los primeros pobladores que habitaron en sus orillas.
Por la revelación de las excavaciones es lógico suponer que en torno a esa maravilla
de la naturaleza se configuró la vida del poblador primigenio. Los antiguos viajeros
dejaron testimonios de su asombro y a partir de sus crónicas comenzó todo empeño
humano por develar la larga noche del pasado. El tema ha sido explorado y continuará
explorándose, pues tal como afirman juiciosos investigadores, resulta torpe
arribar a conclusiones definitivas.




Los primeros conuqueros y artesanos





Cuando el 24 de diciembre de 1547 Juan de Villegas divisa el lago de Tacarigua,
en la región moraban pueblos de agricultores. La ignorancia del conquistador y el
rápido exterminio a que fueron sometidos nuestros pueblos aniquilaron formas de
vida. Sin embargo, a la luz de las excavaciones, se ha podido comprobar que cada
pueblo había llegado al conocimiento de técnicas agrícolas, artes y oficios que hoy,
a fines del siglo XX, siguen aprendiéndose, testimoniando las acertadas palabras
del padre Juan Bartolomé de Las Casas, al señalar que “todo linaje de los hombres
es uno” y “ninguno nace enseñado”.
Gaspar Marcano al referirse a los indígenas que poblaron estas tierras, señala
que:




Las tribus que habitaban las orilla del Lago son las más desconocidas. Se han situado
los araguas y los tacariguas, al norte; al oeste, los ajaguas; al sur, los mucarios y meregotos.
Estos últimos se habían establecido específicamente sobre las orillas del río
Aragua y sobre el llano de Guaracarima. No hay que darle mucha importancia a estas
clasificaciones hechas para una misma tribu y de las cuales han abusado mucho los etnógrafos,
particularmente en América


(1).

Al mismo autor debemos esta descripción de los descubrimientos arqueológicos
hechos en 1886 por su hermano Vicente Marcano en tierras que estuvieron bajo
las aguas del lago y que forman hoy parte del municipio Libertador.
Sobre una gran extensión de la zona ribereña, que se puede fijar provisionalmente
entre Magdalena y Turmero, existen colinas de dimensiones variables, consideradas
por los habitantes de la localidad como accidentes naturales del terreno.
Se les da el nombre de Cerritos. Algunas han sido destruidas por las exigencias de
la agricultura; sobre otras han levantado propiedades (Tocorón, La Quinta).
Afortunadamente, en gran número han sido respetadas. Más de cincuenta están
intactas; veinte han sido completamente removidas por el explorador. Es en La




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Palo Negro ayer y hoy




Mata, entre el pueblo de Santa Cruz y el lago, a cinco mil metros de la orilla
actual, donde se encuentra el mayor número.
En la opinión del investigador, dichos cerritos, “ocupan el lugar de los antiguos
indios meregotos”


(2).

Miguel Acosta Saignes, eminente antropólogo aragüeño define como área
cultural Caribe desde Paria hasta Borburata. Incluye a Aragua dentro de esa área
y anota: “Es preciso considerar tres sub-áreas: de los cumanagotos, de los palenques
y de los caracas”


(3).

Ampliando sus observaciones señala que los ciparicotos, quienes poblaron los
valles de Aragua: “Aparecen como una inclusión entre los pueblos caquetíos.
Pueden haber sido una avanzada de caribes que resultó aislada por factores que
desconocemos”


(4).

La doctora Enriqueta Peñalver, quien desarrolla investigaciones en la cuenca
del lago desde los años sesenta, por su parte afirma que:




Es una zona que ha tenido influencia antillana por la costa caribeña, del área amazónica
por su anterior contacto con la cuenca del Orinoco y por la zona arawaca, por las
costas colombianas. Migraciones americanas que se desplazaban hacia las costas del
Caribe recorriendo el norte de Venezuela y Colombia, dejando sus rasgos más importantes


(

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.

Según la misma autora, las más antiguas penetraciones culturales datan de
cuatro mil quinientos a cinco mil años, y la más reciente de origen Arawak de mil
seiscientos a mil ochocientos años antes de nuestra era.
Esa confluencia de culturas prehispánicas que habitaron la cuenca del lago dejó
muestras de sus conocimientos en alfarería, joyería y la agricultura fundamental
de la Venezuela actual. Eran animistas y la trilogía agua-tierra-fuego común en
todas las culturas del mundo está presente en la cerámica y otros objetos.




En las culturas que existieron en el Lago de Tacarigua encontramos gran variedad de
figuras elaboradas en cerámica, que fácilmente se identifican con cualquiera de esos
elementos. Una de estas representaciones es la diosa de las Aguas y de la Tierra, conocida
como la “Diosa de Tacarigua”. Esta deidad adquiere características variadísimas:
se representa algunas veces en figuras amables con características de infantes donde se
observa fácilmente la deformación craneal tabular oblicua que la cultura practicaba.
Otras deidades relacionadas con el fenómeno de las aguas lo encontramos en las representaciones
de la fauna silvestre, que abunda en el área, así como también las aves
canoras y acuáticas que aún viven a pesar del deterioro de la cuenca; tales como: el
pato azul o Güirirí, la garza blanca, la baba, cocodrilos, el sapo, rana, etc., todos




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PEDRO RUIZ




ellos eran sagrados y de su existencia dependía la supervivencia de la cultura del
grupo


(6).

En torno al tema, la antropóloga Erika Wagner agrega que:




Alrededor de 700 a 800 años después de Cristo aparecen en el récord arqueológico,
nuevos elementos en la región, y la invasión de otros pobladores de la zona
se evidencia por la presencia de vasijas, efigies con incisiones rectilíneas y adornos
zoomorfos en forma de murciélagos, monos y sapos. Las viviendas de esta época
son palafíticas


(7).

De modo que podemos afirmar que los primeros conuqueros y artesanos
de Aragua fueron los antiguos pobladores. Presencia y resistencia ha tenido
su cultura durante todos estos siglos. Cualquier duda la puede despejar un
viejo palonegrense al hablar de su conuco, de su tinaja o de su taparita.




El lago en la mira de los viajeros





Muchos de los viajeros que a través de los siglos avistaron el lago, decidieron
narrar esa experiencia. Los hubo aventureros, historiadores y también
científicos como Alejandro de Humboldt, quien le dedica un capítulo de su




Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente



.

En el acta levantada aquel 24 de diciembre de 1547 el escribano Francisco
de San Juan refiere la actitud solemne de Juan de Villegas:




Llegó a la rivera del agua de la laguna y cogió agua de ella y con una espada cortó
ramos y se paseó por la rivera de la dicha laguna e otras partes e mandó poner e
puso junto a la dicha laguna una cruz de madera incada en el suelo lo qual todo
lo dixo que hacia e hisso en señal de poseción


(8).

José de Oviedo y Baños, autor del primer texto de


Historia de Venezuela,

publicado en 1723, narró así su encuentro:




Fórmase el monstruoso cuerpo de este lago de las aguas de catorce ríos, que continuamente
le están tributando sus corrientes; críanse en él unas hojas anchas sobre
el agua, que con las raíces se van entretejiendo unas con otras, y con las hojarascas
de los árboles, la tierra y palazón que traen los ríos con sus crecientes y
avenidas se van incorporando poco a poco, y crecen de manera que se forma un
conjunto de dos o tres varas de grueso y más de treinta y cuarenta de largo, tan
firme y unido uno a otro, que en la superficie se crían árboles pequeños, y a veces
algo grandes, según la disposición de la materia, y agitadas del viento a todas
partes parecen islas móviles de aquel piélago, o fluctuantes pensiles de aquel
mar


(9).

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Palo Negro ayer y hoy




El naturalista Alejandro de Humboldt además de develarnos los misterios científicos
del lago, habla de la celebridad de sus bellezas. Lo compara con los lugares más
bellos de la tierra y concluye nostálgico:




Lo que habla a nuestra alma, lo que nos causa emociones tan profundas y tan variadas,
evade nuestras mediciones tanto como las formas del lenguaje. Cuando se sienten a lo vivo
las bellezas de la naturaleza, se teme embotar esa fruición comparando aspectos de diferente
carácter


(10).

El científico alemán es quien devela las razones del descenso del lago. Señala entre
otras causas, la evaporización y concluye con una sentencia hasta ahora no escuchada:
“Derribando los árboles que cubren las cimas de los montes, los hombres bajo todos
los climas, preparan a las futuras generaciones dos calamidades a un mismo tiempo:
falta de combustible y escasez de agua”


(11).

A Humboldt, le precedieron el cronista francés Francisco Depons, quien llegó a
Venezuela en 1801 y el naturalista de la misma nacionalidad, Jean Baptiste
Boussingault, quien visita el lago en 1823. El primero se hizo eco de la versión de los
aragüeños de la época, según la cual el lago tenía un canal subterráneo por el cual sus
aguas iban a dar a la mar. El segundo se encuentra con una situación alarmante. El
lago no sólo había dejado de bajar, sino que sus aguas cubrían nuevamente las llamadas
islas Nuevas Aparecidas que describe Humboldt. Concluye el viajero que el lago había
aumentado el volumen de sus aguas por el abandono de la agricultura en sus orillas a
raíz de la Guerra de Independencia. Las observaciones de Boussingault hechas en su
libro


Los estudios sobre el lago de Valencia, son poco conocidas porque sus memorias

fueron quemadas por orden del Ministerio de Educación de Venezuela, en 1949.
Augusto Mijares consideró ofensas al Libertador algunas de las afirmaciones del investigador,
quien además de sus observaciones científicas denigra de Páez, Bolívar y
Manuelita Sáenz, según afirma el escritor Javier Ayala Buroz.




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PEDRO RUIZ
Digamos que Palo

Negro es el resultado de distintos poblamientos que hubo en las orillas del lago de

Tacarigua, de los cuales algunos estuvieron ubicados en el área que hoy conforma

el municipio Libertador.
 
 
 

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